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La Aventura de las Estrellas Fugaces |
En una pequeña aldea ubicada en las montañas vivía un niño
llamado Tomás. Tomás era un niño soñador, le encantaba
observar el cielo nocturno y contemplar las estrellas.
Una noche, mientras Tomás observaba las estrellas, vio una luz
brillante que cruzaba el cielo. Era una estrella fugaz,
y Tomás se quedó fascinado.
Tomás nunca había visto una estrella fugaz tan de cerca.
La luz era tan intensa que iluminó toda la aldea. Tomás deseó
con todas sus fuerzas que la estrella fugaz le concediera un deseo.
Al día siguiente, Tomás se despertó con una gran sorpresa.
En su habitación, junto a su cama, había una pequeña esfera brillante.
Tomás no sabía qué era la esfera, pero sentía una extraña
atracción hacia ella. La tocó con cuidado y, de repente, la esfera
comenzó a brillar con más intensidad. Tomás se sintió transportado
a un lugar mágico, un lugar lleno de estrellas fugaces.
Tomás estaba rodeado de estrellas de todos los colores y tamaños.
Las estrellas le hablaban y le contaban historias sobre el universo.
Tomás se enteró de que las estrellas fugaces eran en realidad
pequeños seres mágicos que viajaban por el espacio
concediendo deseos a los niños.
Tomás se sintió muy feliz de haber encontrado a las estrellas fugaces.
Sabía que ahora podía pedir un deseo que se haría realidad.
Tomás pensó en su aldea y en todos sus amigos. Deseó que la aldea
fuera un lugar más feliz y próspero.
Las estrellas fugaces escucharon el deseo de Tomás y le
prometieron que lo cumplirían. Tomás se despidió de las estrellas
y regresó a su habitación. Al día siguiente, Tomás se despertó
y vio que la aldea había cambiado. Las casas eran más bonitas,
las flores más coloridas y las personas sonreían más.
Tomás se dio cuenta de que las estrellas fugaces habían cumplido
su deseo. La aldea era ahora un lugar más feliz y próspero.
Tomás nunca olvidó su aventura con las estrellas fugaces.
Sabía que siempre que mirara al cielo nocturno, las estrellas
le recordarían que los sueños pueden hacerse realidad.
Moraleja:
Los sueños pueden hacerse realidad si tenemos fe
en nosotros mismos y luchamos por conseguirlos.
Debemos creer en la magia y en la posibilidad de que lo
imposible se haga posible.
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